Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Esto causó cierta sorpresa a Mitia, el cual explicó que Samsonov le había llamado Liagavi. Al saber esto, el pope cambió de conversación, no queriendo participar sus sospechas a Dmitri, sospechas consistentes en que el detalle de que Samsonov hubiera enviado a Mitia a ver al mujik, llamando a éste Liagavi, indicaba alguna mala intención oculta. Sin embargo, Mitia no tenía tiempo para detenerse en semejantes bagatelas. Seguía su camino, y hasta que llegó a Sukhoi Posielok no se dio cuenta de que había recorrido tres verstas en vez de poco más de una. No manifestó su contrariedad. Entraron en la isba. El guardabosques conocía al padre Ilinski. Ocupaba la mitad de la casa; en la otra mitad, separada de la primera por el vestíbulo, vivía el forastero. Se dirigieron a la habitación de éste alumbrándose con una bujía. La isba estaba excesivamente caldeada por la calefacción. En una mesa de pino había un samovar apagado, una bandeja con varias tazas, una botella de ron vacía, una garrafita de aguardiente en la que quedaba muy poco liquido y un pan blanco. El forastero descansaba en un banco, con una prenda de vestir enrollada debajo de la cabeza a modo de almohada.
Roncaba; su sueño era pesado. Mitia se quedó perplejo mirándole.
—Tendré que despertarlo —murmuró, inquieto—. Es un asunto importante el que me ha traído aqúí, y he venido a toda prisa porque quiero regresar hoy mismo.