Los hermanos Karamazov

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En la taberna «La Capital» había trabado conocimiento con un funcionario joven, soltero, hombre acomodado y aficionadísimo a las armas. Compraba pistolas, revólveres, puñales y formaba con ellos panoplias que mostraba con orgullo, mientras explicaba el sistema de algún revólver o pistola, el modo de cargarlo, de disparar, etcétera.

Mitia fue a proponerle el empeño de las pistolas por diez rublos. El funcionario quedó encantado al verlas a intentó comprárselas, pero Mitia se opuso a venderlas.

Entonces el funcionario le entregó los diez rublos y le anunció que no le cobraría ningún interés. Se separaron como dos buenos amigos. Mitia se apresuró a trasladarse al pabellón que estaba detrás de la casa de Fiodor Pavlovitch, con el propósito de hablar con Smerdiakov. Pero todo esto sirvió para que se pudiera comprobar nuevamente que tres o cuatro horas antes de producirse cierto suceso del que hablaremos oportunamente, Mitia no tenía dinero, como demostró empeñando sus preciadas pistolas, y que, después de ocurrir el hecho, estaba en posesión de miles de rublos... Pero no nos anticipemos.



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