Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Fenia estaba en la cocina con su abuela. Las dos se disponían a acostarse.
Confiando en el portero, no habían cerrado la puerta del piso. Apenas entró, Mitia cogió a Fenia del cuello.
—¡Dime en seguida con quién está ella en Mokroie! —rugió. Las dos mujeres lanzaron un grito.
—Se lo diré todo, querido Dmitri Fiodorovitch; se lo diré todo —farfulló Fenia, aterrada—. No le ocultaré nada. La señorita ha ido a ver a un oficial.
—¿A qué oficial?
—Al que la abandonó hace cinco años.
Dmitri soltó a Fenia. Estaba pálido como un muerto y se había quedado sin voz.
Las pocas palabras de Fenia habían sido suficientes para que lo comprendiera todo, para que adivinara incluso el menor detalle. La pobre Fenia era incapaz de darse cuenta de nada. Se había sentado en un cajón y alli permanecía temblorosa, con los brazos tendidos como para defenderse, sin hacer el menor movimiento.