Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Quiero verte contento —dijo Gruchegnka—. Me alegro de que hayas venido.
¿Oyes, Mitia? Me alegro mucho. —Y añadió imperiosamente, dirigiéndose al personaje que estaba en el canapé—: Quiero que se quede con nosotros; lo quiero, y si él se marcha, me marcharé yo también —terminó con ojos centelleantes.
—Los deseos de mi reina son órdenes para mà —declaró el pan besando la mano de Gruchegnka. Y añadió gentilmente, dirigiéndose a Mitia—: Ruego al pan que permanezca con nosotros.
Dmitri estuvo a punto de soltar una nueva parrafada, pero se contuvo y dijo solamente:
—¡Bebamos, panie!
Todos se echaron a reir.
—Creà que nos iba a enjaretar un nuevo discurso —dijo Gruchegnka—. Oye, Mitia; quiero que estés tranquilo. Has hecho bien en traer champán. Yo beberé.
Detesto los licores. Pero todavÃa has hecho mejor en venir en persona, pues esto es un funeral. ¿Has venido dispuesto a divertirte?... Guárdate el dinero en el bolsillo.
¿De dónde lo has sacado?