Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

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A lo sumo, si en alguna rara ocasión alguien, aburrido de no hacer nada, contaba algo, el otro le escuchaba fríamente y con semblante sombrío. Allí nadie podía asombrar a nadie. «Somos gente instruida», solían decir, con extraña suficiencia. Recuerdo que un día un bandido, borracho (en el penal a veces era posible beber), se puso a contar cómo había degollado a un niño de cinco años, cómo le había engañado al principio con un juguete, le había llevado a una cabaña vacía y allí le había degollado. Todo el barracón, que hasta entonces se había reído con sus bromas, se quedó callado, gritó como una sola persona, y el bandido tuvo que callarse; gritaron, no por indignación, sino porque no hacía falta hablar de eso; porque hablar de eso no estaba bien visto. Hago constar, por cierto, que aquella gente era verdaderamente instruida, y no en sentido figurado, sino en el literal. Seguramente, más de la mitad sabía leer y escribir. ¿En qué otro sitio donde se reúnan grandes masas del pueblo ruso es posible apartar un grupo de doscientas cincuenta personas, de las cuales la mitad sepa leer y escribir? He oído decir después que alguien llega a la conclusión, a partir de datos semejantes, de que la instrucción pierde al pueblo. Es un error: los motivos son otros; aunque hay que reconocer que la instrucción alimenta en el pueblo la autosuficiencia. Mas eso no es, en absoluto, un defecto. Todas las categorías se distinguían por la indumentaria: unos presos llevaban una mitad del chaquetón de color pardo, y la otra, gris; lo mismo sucedía con los pantalones: una pierna de color gris y la otra, pardo. Una vez, en el trabajo, una muchacha que vendía rosquillas se acercó a los presos, me miró con atención y de pronto rompió a reír. «¡Uf, qué estrafalario! —gritó—. ¡Se les acabó la tela gris y también la parda!» Había otros que llevaban el chaquetón de color gris y de pardo las mangas. Las cabezas también se afeitaban de manera diferente: a unos les rapaban la mitad a lo largo del cráneo y a otros, de través.


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