Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —¡Ah! —respondió el general—. ¿Y qué tal se porta ahora?
—Hasta el momento, de forma satisfactoria, Excelencia —le contestaron.
El general hizo una señal con la cabeza y a los dos minutos salió del presidio. Los reclusos, evidentemente, estaban ofuscados y aturdidos, y en todo caso un tanto perplejos. Naturalmente, de presentar alguna clase de reclamación contra el mayor, ni hablar. La verdad es que el mayor ya se habÃa asegurado completamente de eso, por anticipado.