Memorias de la casa muerta

Memorias de la casa muerta

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No, muchachos, éste no va a dejar que le apeen tan rápido, sabe defenderse muy bien. ¡Y de qué modo! —decían unos.

—¡Yolkin sabe más! —decían otros, aunque su comentario resultaba un tanto conciliador. Ambas partes habían adoptado de pronto un tono marcadamente conciliador en sus comentarios.

—No es que sepa más, es que tiene muy buena mano. Pero en cuestión de ganado, Kulikov tampoco se queda atrás.

—¡No, no se queda atrás el amigo!

—No, no se queda atrás…

Por fin eligieron y compraron un nuevo Gnedkó. Era un magnífico ejemplar, joven, precioso, fuerte y con una pinta muy cariñosa y alegre. Ni que decir tiene que en todos los demás aspectos también era intachable. Empezó el regateo: pedían treinta rublos, los nuestros daban veinticinco. Regatearon con calor; durante un buen rato, subían y bajaban las ofertas. Al final, incluso ellos lo encontraron ridículo.

—Pero ¿es que vas a sacar el dinero de tu propio bolsillo, o qué? —decían unos—. ¿A qué viene tanto regateo?

—¿Qué pasa, que os da pena el fisco? —gritaban otros.

—Lo cierto, compañeros, es que, con eso y con todo, son fondos… de la comunidad…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker