Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —De Gazin, un recluso. Vende vodka en el penal. Cuando junta algo de dinero, se lo bebe. Es cruel y malvado; sobrio, está tranquilo, pero cuando bebe, se muestra tal como es: ataca a la gente con el cuchillo. Aquà le hacen entrar en razón.
—¿Cómo le hacen entrar en razón?
—Se le echan encima diez presos a la vez y le pegan con ganas hasta dejarle sin sentido, medio muerto. Entonces lo tienden sobre el camastro y le ponen encima un chaquetón.
—Pero ¿pueden matarle?
—A otro lo matarÃan, pero a él, no. Tiene una fuerza tremenda, es el más fuerte de todos los presos y el de constitución más robusta. A la mañana siguiente se levanta completamente sano.
—DÃgame, haga el favor —le pregunté al polaco—: ellos también comen su propia comida, y yo bebo mi té. Y, sin embargo, me miran como si tuvieran envidia del té. ¿Qué significa eso?