Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —No es por el té —me contestó el polaco—. Le miran con malos ojos porque usted es noble y no se parece a ellos. Muchos de ellos se lo reprocharÃan de buena gana. QuerrÃan ofenderle, humillarle. Aquà conocerá muchas más cosas desagradables. Aquà la vida es horriblemente dura, y para nosotros, más aún, en todos los sentidos. Hace falta mucha sangre frÃa para acostumbrarse a esto. Más de una vez oirá cosas desagradables e insultos por el té y por la comida propia, pese a que muchos comen muy a menudo por su cuenta, y algunos toman té continuamente. Ellos pueden hacerlo: usted no.
Dicho esto, se levantó y se retiró de la mesa. Algunos minutos más tarde, se confirmaron sus palabras…