Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta En cuanto al tabernero, después de ganar la enorme suma de varias decenas de rublos, se abastece de vodka por última vez, y ya no le añade agua, porque lo destina para él. Ya está bien de trabajar: ahora le toca divertirse. Comienza la juerga, la bebida, la comida, la música. Dispone de grandes recursos; compra la benevolencia de las autoridades subalternas, los jefes directos. La juerga dura varios días. Ni que decir tiene que el vodka que ha preparado se consume pronto; entonces el juerguista acude a otros taberneros, los cuales ya le estaban esperando, y bebe hasta que se queda sin un solo kopek. Por más que los presos protegen al juerguista, a veces cae bajo la mirada de los jefes superiores, el mayor o el oficial de guardia. Le llevan al cuerpo de guardia, confiscan su capital, si se lo encuentran, y, para concluir, le azotan. Una vez sacudido, regresa al presidio y al cabo de varios días se dedica de nuevo al oficio de tabernero. Algunos juerguistas, se entiende que los más ricos, sueñan con el bello sexo. A cambio de mucho dinero, al salir del presidio, en lugar de ir al trabajo, acuden a veces en secreto a algún sitio de las afueras, en compañía del soldado de escolta, al cual han sobornado. Allí, en una casita apartada, celebran un festín por todo lo alto, y derrochan grandes sumas de dinero. Habiendo dinero por medio, no se desprecia ni a un preso; el escolta ha sido escogido de algún modo de antemano, y está al tanto. De ordinario, tales escoltas son futuros candidatos al presidio. Por lo demás, a cambio de dinero se puede hacer todo, y esas excursiones se guardan casi siempre en secreto. Hay que añadir que se llevan a cabo muy rara vez; requieren mucho dinero y los amantes del bello sexo prefieren recurrir a otros medios sin riesgo alguno…