Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta —¡Cómo no lo voy a saber! ¿No se está allí mejor que aquí?
—¡Oh! ¿Por qué dices eso?…
—¡Qué flores debe haber ahora allí, qué paraíso!…
—¡Oh!… No sigas… —Estaba muy conmovido.
—Oye, Alí, ¿tú tenías una hermana?
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—Pues porque, si se parece a ti, debe ser muy guapa.
—¿Si se parece a mí? Es tan guapa que no hay en Daguestán ninguna igual. ¡Qué guapa es mi hermana! ¡No has visto otra como ella! Y mi madre también era muy guapa.
—¿Te quería mucho tu madre?
—¡Ah, qué cosas dices! Seguro que se ha muerto de pena por mí. Yo era su hijo del alma. Me quería más que a mis hermanas, más que a todos… Hoy vino a verme en sueños y lloraba por mí.