Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo —¿Y usted? ¿Es que no va a beber? —aulló Trudoliubov volviéndose hacia mà con un gesto de amenaza.
—Quiero decir unas palabras, señor Trudoliubov. Luego beberé…
—¡Maldito sarnoso! —murmuró Simonov para sÃ.
Me puse en pie y levanté mi copa. TenÃa fiebre. Me disponÃa a hacer algo extraordinario, aunque no sabÃa lo que iba a decir.
—¡Silencio! —exclamó Ferfitchkin—. Al fin vamos a oÃr cosas inteligentes.
Zverkov esperaba, muy serio: sabÃa lo que iba a ocurrir.
—Señor teniente Zverkov —comencé—, sepa que detesto las frases bonitas y los uniformes ceñidos al talle. Éste es el primer punto. Vamos con el segundo.
Vi que todos se agitaban en sus asientos.