Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo —En un dĂa como Ă©ste es muy desagradable enterrar a los muertos —dije, sĂłlo para no estar callado.
—¿Por qué?
—El frĂo, la humedad…
Bostecé.
—¿Eso qué importa? —dijo Lisa de pronto, tras una pausa.
—Es un espectáculo muy triste. —Y bostecé de nuevo—. Los enterradores lanzan tacos porque la nieve los empapa, y las fosas, naturalmente, están llenas de agua.
—¿Por quĂ© es natural que haya agua en las fosas? —preguntĂł Lisa con cierta curiosidad pero en un tono todavĂa más seco y áspero que antes.
De pronto sentĂ que algo despertaba en mĂ.
—¿CĂłmo que por quĂ©? Siempre hay quince centĂmetros de agua en las fosas del cementerio de Volkovo.
—¿Por qué?
—Pues porque el suelo está lleno de agua: por todas partes hay pantanos. El ataúd se deposita sobre el agua. Lo he visto muchas veces.
(Nunca lo habĂa visto; es más, nunca habĂa estado en el cementerio de Volkovo. Pero lo habĂa oĂdo contar.)
—¿De veras no te importa morir?
—¿Por qué he de morir? —respondió Lisa, como defendiéndose.