Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo —Un dÃa u otro morirás. Y tu muerte será como la de ésa de que acabo de hablarte. También ella era una muchacha… Murió de tisis.
—Esa clase de chicas mueren en un hospital… «Lo sabe todo», pensé. Y dije:
—Le debÃa mucho a su patrona.
La conversación me excitaba cada vez más.
—Por eso —añad× siguió trabajando, a pesar de su tisis, hasta el lÃmite de su vida. Los cocheros que andaban por allà hablaban de la difunta con los soldados. Seguramente habÃan sido amigos de ella. Entre risas, se invitaban a beber en su memoria en la taberna (una taberna muy frecuentada por mÃ).
Silencio, un silencio profundo. Lisa estaba completamente inmóvil.
—Has nombrado el hospital. ¿Es que allà se muere mejor?
—Ni mejor ni peor. Pero ¿por qué he de morir? —repuso, enojada.
—No en seguida: más adelante.
—Habrá de pasar mucho tiempo.
—¡No lo creas! Ahora eres joven y bonita, y por eso te aprecian aquÃ. Pero al cabo de un año de llevar esta vida será muy diferente: te habrás marchitado.
—¿Al cabo de un año?