Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo —Por lo menos, en un año perderás mucho —insistà pérfidamente—. Tendrás que dejar esta casa por otra peor. Y, transcurrido otro año, habrás de pasar a una tercera, inferior a la segunda, y esto continuará, de modo que, al cabo de seis o siete años, estarás en los sótanos de la plaza del Heno. Y esto podrá pasar. Lo malo será si te pones enferma…, si te enfrÃas y enfermas del pecho… O cualquier otro mal… Viviendo como vives, la enfermedad se agravará. Nunca podrás curarte. Por lo tanto, morirás.
—Bueno, ¿y qué? —replicó irritada, con una sacudida de todo su cuerpo.
—¿No te parece triste?
—¿Qué tengo que perder? —¡La vida! Silencio.
—¿TenÃas novio?
—¡A usted qué le importa!
—No me interesa saberlo. Son cosas que no me incumben. No te enfades. Es evidente que has tenido contrariedades. Cierto es que esto no me importa, pero me compadezco.
—¿De quién?
—De ti.
—No vale la pena —dijo en voz muy baja. Y otra vez se agitó todo su cuerpo.
Este desdén me irritó. ¡Tan amable como habÃa sido con ella, en cambio, me…!