Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo —Pero ¿qué te has creÃdo? ¿Te imaginas que vas por buen camino?
—No me imagino nada.
—Eso es lo malo. ¡Vuelve en ti! ¡TodavÃa estás a tiempo! SÃ, todavÃa estás a tiempo. Eres joven y bonita. Puedes querer, casarte, ser feliz…
—No todas las casadas son felices —dijo Lisa con su habitual aspereza.
—No todas, ciertamente. Sin embargo, cualquier cosa es mejor que permanecer aquÃ. No hay comparación posible. Cuando se ama, incluso se pude prescindir de la felicidad. La vida es bella aún cuando se sufre. Vivir es grato, cualquiera que sea la clase de vida. ¡En cambio, esto…! ¡Es una podredumbre, un horror!
Le volvà la espalda, contrariado. Ya no razonaba frÃamente. Empezaba a sentir lo que decÃa, y hablaba con ardor creciente. Me dominaba el deseo de exponer las modestas pero queridas ideas que habÃa incubado en mi rincón. Algo se habÃa encendido en mà de pronto, y esta luz mostraba a mis ojos un objetivo.
—No hagas caso de mi presencia. No debes tomar ejemplo de mÃ. Quizá sea peor que tú. Además, estaba borracho cuando vine.
Me disculpé de ello y proseguÃ.