Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo Volvà a casa y escribà inmediatamente a Simonov. TodavÃa hoy admiro el tono franco y de buen chico que di a aquella carta, y su estilo, verdaderamente digno de un gentleman.Me acusaba a mà mismo con habilidad y nobleza, y, sobre todo, sin palabras inútiles. Me excusaba, «si se me permitÃa excusarme», declarando que, como no estaba acostumbrado a beber, el primer vaso que habÃa tomado, mientras los esperaba en el Hotel ParÃs, espera que duró desde las cinco hasta las seis, me habÃa embriagado completamente. DirigÃa mis excusas a Simonov, pero le rogaba que se las transmitiera a los demás, especialmente a Zverkov, a quien me parecÃa —«me acuerdo de eso como a través de un sueño»— haber ofendido gravemente. AñadÃa que mi gusto habrÃa sido ir a disculparme personalmente, pero que me dolÃa la cabeza y, esto sobre todo, estaba demasiado confuso.
Me sentà especialmente satisfecho por la ligereza de espÃritu y por la elegante displicencia que se percibÃan a través de mis excusas y que daban a entender, mucho mejor que todas las explicaciones, que lo ocurrido el dÃa anterior no tenÃa para mà la menor importancia. ¡No estoy abrumado, como seguramente se imaginan ustedes, señores! Por el contrario, considero todo esto con la mayor tranquilidad, como corresponde a un gentleman que se respete a sà mismo. II faut que jeunesse se passe .