Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo «¿Qué haré si viene? —pensaba sin cesar—. Bueno, ¿qué más da? Que venga, si quiere. Lo malo es que verá cómo vivo. Ayer representé ante ella el papel de héroe, y ahora… No debà dejarme arrastrar por mi vehemencia. Este departamento es miserable. ¿Cómo pude ir a cenar con este traje? ¡Y este diván de hule, lleno de desgarrones por los que sale la crin! ¡Y mi ropa de cama hecha jirones!… Lisa verá todo esto y también a Apolonio. Ese bruto la ofenderá, no me cabe duda, aprovechando un pretexto cualquiera, sólo para darme un disgusto. En cuanto a mÃ, como de costumbre, me pondré nervioso, iré y vendré ante ella, me ajustaré el batÃn, sonreiré, mentiré. ¡Qué horror! Pero no es esto todo: hay otra cosa más innoble, más cobarde aún… ¡SÃ! Tendré que quitarme esta máscara de farsante…»
Enrojecà hasta la frente. «¿Farsante? ¿Acaso mentÃ? Ayer hablé con toda sinceridad. Me acuerdo muy bien. SentÃa una emoción verdadera. QuerÃa despertar en Lisa buenos sentimientos. Hizo bien en llorar. Las lágrimas producen siempre excelente efecto.»