Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo Al dÃa siguiente, mi ánimo se inclinaba a considerar todo lo que habÃa ocurrido, como algo absurdo y desmesuradamente exagerado por mis nervios enfermos. Me daba perfecta cuenta de esta tendencia de mi carácter, y la temÃa sobremanera. «Exagero siempre —me repetÃa una y otra vez—. Padezco de este mal.» Sin embargo…, sin embargo, me decÃa: «Lisa vendrá». Tal era el estribillo de todas mis reflexiones. Esto me preocupaba tan profundamente, que a veces tenÃa arrebatos de furor. «¡Vendrá! ¡Seguro que vendrá! —gritaba paseando a grandes zancadas por la habitación—. Si no es hoy, será mañana. Me hará salir de mi guarida. ¡Maldito el romanticismo de los corazones puros! ¡Qué villanÃa, qué estupidez, qué mediocridad la de estas necias almas sentimentales! ¿Cómo no comprenderá que…?». Pero al llegar a este punto me detuve, profundamente turbado.
«¡Y qué pocas palabras han bastado para esto! —seguà diciéndome—. ¡Además, ha sido un idilio falso, aunque ha tenido poder suficiente para trastornar toda una existencia! ¡Lo que es un terreno virgen!»