Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo TranscurrÃan los minutos, y Lisa no se incorporaba. Estaba como sumida en un sueño. Sin miramientos, di unos golpecitos en el biombo para volverla a la realidad. Lisa se sobresaltó, se levantó de un salto y empezó a recoger apresuradamente sus cosas (su manteleta, su sombrero, su pelliza), como quien se dispone a huir. Dos minutos después salió lentamente de detrás del biombo y me miró con tristeza. Yo sonreà forzadamente, par convenance, y le volvà la espalda.
—¡Adiós! —me dijo, dirigiéndose a la puerta. De pronto, corrà hacia Lisa, me apoderé de su mano, se la abrÃ, puse en ella lo que tenÃa preparado y se la cerré de nuevo. Luego me dirigà presuroso al otro extremo de la habitación. AsÃ, por lo menos, no verÃa nada…