Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Una mañana se supo que Efimov había desaparecido. Cuantas gestiones se hicieron para encontrarle fueron inútiles. La orquesta se hallaba en una situación crítica: faltaba un clarinete. De repente, tres días después de la desaparición de Efimov, el propietario recibió una carta del francés, donde este declinaba, en términos poco corteses, la invitación que había aceptado, añadiendo, sin duda por alusión, que en adelante sería muy prudente en sus relaciones con los aficionados que tuvieran orquesta propia; no estaba dispuesto a tolerar que un verdadero talento estuviese sometido a las órdenes de un hombre que no sabía apreciar su valor, y, por último, alegaba que el ejemplo de Efimov, un verdadero artista y el mejor violinista que se había encontrado en Rusia, era la prueba evidente de la verdad de sus palabras.