Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Mientras duró aquel asunto, la actitud del propietario fue de las más generosas. Multiplicó las gestiones en favor de mi padrastro, como si se hubiera tratado de su propio hijo. Varias veces fue a visitarle a la prisión para consolarle y entregarle dinero. Habiéndose enterado de que Efimov fumaba, le llevó excelentes cigarros, y cuando se reconoció la inocencia de mi padrastro, dio una fiesta en honor de toda la orquesta. El propietario consideraba el asunto de Efimov como si interesase a toda la orquesta, pues estimaba la buena conducta de sus músicos, por lo menos tanto, si no más, que su talento.
Transcurrió todo un año. De pronto corrió el rumor de que acababa de llegar a la capital de la provincia un violinista muy conocido, un francés, que tenía intención de dar varios conciertos. Desde luego, el propietario entabló las oportunas gestiones con el fin de conseguir que fuese a su casa por algunos días. Se arregló el asunto, y el francés prometió hacerlo. Todo estaba ya preparado para su llegada, y se había invitado a casi todo el distrito, cuando, repentinamente cambiaron las cosas.