Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Ni las súplicas ni las exhortaciones del conde y del propietario, quienes intercedieron en favor de mi padrastro, lograron decidir al violinista para que renunciase a su acusación. Se le hizo ver que el examen médico, al cual había sido sometido el cuerpo del difunto director de orquesta, estaba en toda regla; que negaba la evidencia, cegado tal vez por su cólera personal y su despecho al no poder entrar en posesión del precioso instrumento que habían querido comprar para él. El músico insistió, jurando que tenía razón; sostenía que la apoplejía no era debida a la borrachera, sino a un envenenamiento, y exigía que se abriera una nueva información. A primera vista, sus razones parecieron serias y se atendió su denuncia. Efimov fue detenido y conducido a la prisión de la ciudad. Toda la provincia se interesó en el asunto. Este se desarrolló muy de prisa y terminó con una inculpación, por denuncia calumniosa, contra el violinista. Se le infligió una justa condena; pero él insistió hasta el final y afirmó que tenía razón. Acabó, sin embargo, por confesar que no poseía ninguna prueba, que sus presuntas pruebas eran invención suya; pero al inventar todo aquello, había obrado por lógica. Aunque se había abierto nueva información y la inocencia de Efimov quedó formalmente reconocida, él continuaba convencido de que la muerte del desdichado director de orquesta fue producida por Efimov, quien le había matado, si no por medio del veneno, valiéndose de otro procedimiento cualquiera. No se ejecutó la condena. El músico cayó enfermo repentinamente a causa de una inflamación del cerebro; se volvió loco y murió en el hospital de la cárcel.