Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Una muerte semejante era la consecuencia obligada y natural de toda su vida. DebÃa morir asÃ, cuando todo lo que le sustentaba en la vida desaparecÃa de un golpe como una visión, como un sueño vacÃo. Murió después de haber perdido su última esperanza, después de haber tenido la visión clara de todo lo que habÃa encauzado y sostenido su vida. La verdad le cegó con su resplandor insoportable, y cuanto era mentira apareció como tal en sà mismo. Durante la última hora de su vida oyó a un genio maravilloso que le relató su propia existencia y la condenó para siempre. Con el último acorde que sonó en el violÃn del genial S…, habÃa aparecido ante sus ojos el misterio del arte, y el genio, eternamente joven, potente y verdadero, le habÃa aplastado con su certeza. ParecÃa que todo lo que le habÃa atormentado durante su vida con sufrimientos misteriosos e indecibles, todo lo que no habÃa visto aquel dÃa sino en un sueño, lo que rehuÃa con horror y lo que se ocultaba con la mentira de su vida, lo que presentÃa y temÃa, todo aquello, de un golpe, brillaba ante sus ojos obstinados que no querÃan reconocer cómo la luz es luz y las tinieblas son tinieblas. La verdad se hacÃa intolerable para aquellos ojos que veÃan claro por primera vez. La verdad le cegó y destruyó su razón.