Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova ¡Entonces, allà tenÃa el paraÃso! —deduje—. ¡Era allà donde yo querÃa ir con mi pobre padre!… Luego aquello no habÃa sido un sueño… Lo habÃa visto tal como era en mis alucinaciones, en mi imaginación… Esta, excitada por la enfermedad, se iluminaba, y las lágrimas de un entusiasmo inexplicable brotaban de mis ojos. Busqué a mi padre. Debe de estar aquÃ; está aquà —pensé—. Y mi corazón palpitaba de ansiedad… La música cesó, y un estremecimiento recorrió toda la sala. Contemplé ávidamente los rostros que pasaban por delante de mÃ. Traté de reconocer a alguien…