Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova De pronto, una sensación extraordinaria se manifestó en el salón. Distinguí, sobre el estrado, a un viejo delgado y alto. Su pálido semblante sonreía. Saludaba en todas direcciones. Tenía un violín en sus manos. Se hizo un silencio profundo, como si todas aquellas personas retuvieran su respiración. Todos esperaban. Requirió su violín y el arco, y pulsó las cuerdas. La música comenzaba. Sentí como una punzada en el corazón. Con una angustia indecible, reprimiendo mi aliento, escuchaba aquellos sonidos. Algo conocido sonaba en mis oídos, algo que me parecía haber escuchado ya. Era como el presentimiento de una cosa terrible. Las notas del violín se hacían cada vez más fuertes, se deslizaban más rápidas y más agudas; luego fueron como un sollozo, como un grito, dirigido hacia toda aquella multitud. Mi corazón recordaba cada vez más algo conocido; pero se resistía a creer en tal semejanza. Apreté los dientes para no gritar de dolor; me agarré a la cortina para no caer… A veces, cerraba los ojos y los abría súbitamente, esperando que todo fuese un sueño, que iba a despertar en un momento terrible, conocido…