Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova —Adiós, Niétochka —me dijo de pronto, riendo con una expresión extraordinaria—. No me mires asÃ. No estoy enferma. Dentro de un mes regresaré y ya no volveremos a separarnos.
La princesita se volvió, un vez más, y me estrechó en sus brazos.
Luego nos separamos.
Fue para mucho tiempo, para mucho tiempo…
Transcurrieron ocho años hasta que volvimos a encontrarnos.
He relatado adrede, con todo lujo de detalles, este episodio de mi infancia y la primera aparición de Catalina en mi vida, porque nuestras historias son inseparables. Su novela es la mÃa, como si yo hubiera nacido exclusivamente para encontrarla y no me fuese dado rehusar el placer de transportarme, por una vez más, en virtud del recuerdo, a mi infancia.
Desde ahora, mi relato irá más de prisa. Mi existencia, de pronto, se tornó tranquila, y para despertar de nuevo a la vida cuando llegué a cumplir los diecisiete años.
Primeramente diré algunas palabras acerca de lo que me ocurrió luego de haber salido para Moscú la familia del prÃncipe.