Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Estaba tan conmovida ante aquel hallazgo inesperado, tan loca de júbilo, que no sabía cómo decírmelo, cómo acariciarme. Se presentaba uno de aquellos minutos de revelación de la mutua simpatía, de la aproximación que desde hacía mucho tiempo no habíamos tenido. Una hora después, como si se hiciera fiesta en la casa, se mandó llamar a B… Mientras le esperábamos, cogimos al azar otro trozo de música que yo conocía mejor. Aquella vez temblaba de miedo. Temía destruir la primera impresión. Pero en breve mi propia voz me animó y me devolvió la confianza. Yo misma me hallaba sorprendida de su fuerza, y aquella segunda experiencia disipó todo temor. En su acceso de júbilo impaciente, Alejandra Mijailovna hizo acudir a sus hijos y hasta a la niñera, y por último, en el paroxismo de su entusiasmo, fue a buscar a su marido al despacho, lo cual no se había atrevido a hacer nunca en ningún otro momento.