Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Lo supe, lo comprendà súbitamente. Aquello podÃa sentirlo, porque el sol luce para el más insignificante de los insectos, le da calor y lo acaricia, como a la flor más admirable junto a la cual se encuentra. Cuando lo supe todo —¿te acuerdas de aquella tarde?—, después de las palabras que trastornaron mi alma, me sentà cegado, emocionado, todo se ensombrecÃa en mÃ, y tú sabes que me hallaba tan aburrido que no creÃa comprenderte. Nunca te hablé de esto; tú no sabÃas nada…
Si hubiera podido, si me hubiera atrevido a hablarte, te lo habrÃa confesado todo hace mucho tiempo; pero me callé…
Y ahora lo diré todo con el fin de que sepas a quién abandonas, de qué hombre te separas. ¿Sabes que te comprendà desde luego?… La pasión me invadió como el fuego, se infiltró en mi sangre como un veneno y turbó todas mis ideas, todos mis sentimientos. Estaba embriagado, estaba como mareado, y a tu amor puro, misericordioso, no respondà como de igual a igual, como si fuese digno de tu amor, sigo sin comprender ni sentir. No te comprendÃ. Te respondà como a la mujer que, ante mi condición, hasta se olvidaba de mÃ, y no como a la que quisiera elevarme hasta ella.