Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova —¿Por qué no quieres vender tu violÃn? —le preguntó—. Tú no lo necesitas… Te dan por él tres mil rublos; se trata de una buena suma y eres un estúpido si piensas que en otra parte te van a dar más. El conde no tiene intención de engañarte.
Efimov contestó que por su propia voluntad no volverÃa a casa del conde; que si su amo se lo mandaba, obedecerÃa la orden, aunque no venderÃa su violÃn al conde; que si pretendÃa adquirirlo a la fuerza, su dueño era libre de hacer lo que quisiera.
Esta respuesta hirió al amo en el punto más sensible. Se jactaba, en efecto, de saber conducirse con sus músicos, quienes, según decÃa, se denotaban, sin excepción, verdaderos artistas, gracias a lo cual su orquesta no solo era mejor que la del conde, sino que podÃa rivalizar con la de la capital. Bueno —respondió el propietario—; haré saber al conde que no quieres vender tu violÃn, que no deseas venderlo, pues tienes derecho a hacerlo o no, ¿comprendes?… Pero permÃteme que te pregunte para qué deseas tú ese violÃn. Tu instrumento es el clarinete, que tocas, por cierto, bastante mal… Cédeme el violÃn y te daré por él los tres mil rublos.
¡Quién hubiera podido figurarse que este instrumento tenÃa semejante valor!… Efimov sonrió.
—No, señor; no lo venderé —insistió—. Indudablemente, usted tiene facultades para…