Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Hace ya varios años que no ha tocado el violín. ¿Sabe usted por qué?… Porque siempre que toma el arco en su mano, se ve obligado a confesar en su fuero interno que no es un artista. Pero cuando abandona el arco conserva, al menos, la lejana ilusión de que no es certero su juicio. Se trata de un soñador. Cree que de pronto, en virtud de un milagro, se convertirá en el hombre más célebre del mundo. Su lema es: «O César, o nada»… Como si se pudiera triunfar de cualquier modo en un momento dado… Tiene sed de gloria. Y cuando un sentimiento semejante se convierte en el móvil principal y único de un artista, este artista deja de serlo, pues ha perdido el principal instinto artístico, que es el del amor al arte por el arte, y no por la gloria o por otra cosa cualquiera. Así, cuando S… coge el arco, no existe ya nada en el mundo para él más que la música. Después del arte, lo que tiene más importancia para él es el dinero, y solo en tercer lugar está la gloria. Pero se cuida muy poco de ella ¿Sabe lo que preocupa ahora a ese desdichado? —añadió B…, señalando a Efimov—. Lo más estúpido, lo más miserable, lo más ridículo del mundo: saber si él es superior a S… o si S… es superior a él. Nada más, aunque en el fondo está completamente convencido de que él es el músico más grande del universo… Le aseguro a usted que si se le dice que no es un artista, se muere al punto, como herido por un rayo… Es, en efecto, algo terrible separarse de la idea fija a la cual se ha sacrificado toda la vida, y cuyo fundamento, por lo mismo, es serio y profundo… Al principio su vocación era realmente sincera…