Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova —SerÃa curioso saber qué será lo que sienta cuando oiga tocar a S… —observó el PrÃncipe.
—Sà —asintió B…, pensativo—. Pero no se sabrá; se rehará inmediatamente. Su locura es más fuerte que la verdad, y al punto inventará cualquier argucia que le permita ocultar su opinión…
—¿Usted cree?…
En aquel instante, se encontraban junto a mi padre. Este pretendió hacerse el distraÃdo; pero B… le detuvo. Mi padre dijo con indiferencia que no sabÃa nada de aquel acontecimiento, que estaba ocupado por un asunto mucho más interesante que todos los conciertos y todos los virtuosos extranjeros, que ya verÃa, por otra parte, y que, si disponÃa de algún tiempo, tal vez fuese a escuchar a S… Luego, en actitud inquieta, miró alternativamente a B… y al PrÃncipe, y, esbozando una sonrisa forzada, se echó mano al sombrero, hizo un leve movimiento de cabeza y abandonó a sus interlocutores, pretextando que tenÃa prisa.