Noches blancas
Noches blancas —Pues de nadie, de un ideal, de aquella con la que haya soñado. En mis sueños creo novelas enteras. ¡Huy, usted no me conoce! Claro que habré tratado con dos o tres mujeres —de otra forma no se puede—, pero ¿qué mujeres eran? No eran más que dueñas que… Pero le estoy haciendo reÃr, le contaré que más de una vez he pensado en ponerme a hablar asà por las buenas, en la calle, con alguna aristócrata, cuando estuviera sola, claro está. Hablar con timidez, por supuesto, con respeto y pasión. Decirle que perezco en soledad para que ella no se aparte de mÃ, que no tengo métodos para conocer siquiera a una sola mujer, sugerirle que incluso es su obligación como mujer no rechazar una súplica tan tÃmida de alguien tan desgraciado como yo. Que, finalmente, todo lo que pido es que me digan con simpatÃa dos palabras fraternales, que no me aparten a la primera, que crean en mà de palabra, que escuchen atentas lo que voy a decir, que se rÃan de mà si quieren, que me infundan esperanzas, que me digan dos palabras, dos palabras nada más, y luego no importa si no nos vemos más… Pero se rÃe usted… Bueno, también hablo para eso…