De Paris a Cadiz

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Así que fui elegido, por unanimidad, maître d’hôtel de la embajada francesa en Madrid, y Paul fue elevado al grado de proveedor. La sociedad debía hacer el gasto de una gran cesta para que Paul perdiese la menor cantidad de huevos, zanahorias, costillas y jamones posible. Estas precauciones eran tomadas en atención al almuerzo. El almuerzo debía estar compuesto siempre por dos o tres platos, calientes o fríos, y de cuatro tazas de chocolate por cabeza. Es bueno que le diga, Madame, que los españoles toman su chocolate en dedales. En cuanto a la cena, monsieur Monnier nos había indicado un restaurante italiano, llamado Lardi, en el que debíamos encontrar una comida honrosa. En Italia, donde se come mal, los buenos restaurantes son franceses; en España, donde no se come en absoluto, los buenos restaurantes son italianos.

Adiós, Madame, debo dejarla para ir al mercado y a la embajada de Francia.







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