De Paris a Cadiz

De Paris a Cadiz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Si era eso lo que esperaba, su ilusión fue breve. La puerta se abrió. Entró un hombre llevando un perro en sus brazos; le siguió un segundo hombre, y luego un tercero al segundo. En total seis hombres entraron, armados cada uno con un terrible perro. Al ver al toro, los seis dogos estallaron en ladridos; los ojos se les salían de las órbitas, sus bocas se abrieron hasta las orejas; habrían devorado a sus amos, si sus amos no los hubiesen soltado. Sus amos, que no se preocupaban por morir como Jezabel, soltaron a sus animales, que arremetieron contra el toro.

El toro, al verlos, había adivinado lo que iba a pasar y había reculado hasta pegarse a la barrera. En un segundo, la jauría aullante atravesó todo el ancho de la arena y el combate comenzó. Contra estos nuevos antagonistas, el toro recuperó todo su vigor; se habría dicho que el coraje, que lo había abandonado en la lucha con los hombres, volvía a él al enfrentarse a sus enemigos naturales. En cuanto a los perros, eran de buena raza, dogos o bull-dogs: con seguridad uno de ellos había nacido en Londres: era el más pequeño y el más encarnizado de todos. Me recordó a ese pobre Mylord de itálica memoria, que usted ha conocido, Madame, y cuyas maravillosas aventuras ha leído en el Speronare y en el Corricolo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker