De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Debe saber, Madame, que existe entre nosotros los artistas una especie de francmasonerÃa europea, gracias a la cual nos correspondemos sin habernos visto jamás. AsÃ, por ejemplo, si yo entro en ParÃs en un teatro donde actúa Frédéric Lemaître, Déjazet o Bouffé, no tengo más que hacer decir a cada uno de ellos que estoy allÃ, o indicárselo yo mismo, y al instante Déjazet, Bouffé o Frédéric Lemaître, por mal dispuestos que se encontraran ese dÃa, olvidarán en ese mismo momento su mala disposición, actuarán para mÃ, y actuarán tal vez mejor que nunca. Esto es lo que hace que el público no entienda nada cuando un papel, comenzado con cierta languidez, súbitamente se levanta, crece, gracias a una energÃa y un talento que las primeras escenas habrÃan podido hacerles creer extintos en el actor. Es lo que intenté pintar en la escena del cuarto acto de Kean, cuando el actor explica o, mejor, intenta explicar al prÃncipe de Gales la naturaleza de sus relaciones con la condesa de Koefeld. En una palabra, Madame, esto se da entre nosotros. AsÃ, cuando encontré a una compatriota en el extranjero, pensé que también podÃa darse en el extranjero.