De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Nadie dirá: El Escorial es bello. Lo terrible no despierta admiración, sino estremecimiento. El mismo Felipe, cuando el arquitecto le entregó las mil llaves del monumento soñado por su inflexible genio, debió temblar al tocarlas. La primera idea que aparece en la mente es que El Escorial no fue construido mediante los procedimientos comunes, sino horadado en un bloque de granito. ¿Ha descendido alguna vez al interior de una mina, con la conciencia de que una montaña entera pesaba encima de usted? ¡Y bien! El sentimiento que se experimenta al entrar en El Escorial es análogo a ése.
Para llegar a todos los monumentos se sube; para llegar a éste se desciende. Felipe no quiso abandonarse a ninguna ilusión: estando vivo se sepultó en su tumba. Era una tradición familiar. En El Escorial hay de todo: palacio, capilla, convento, sepulcro. La capilla tiene un aspecto admirable. Tal vez sea el único lugar del monumento donde se respira. Está sostenida por cuatro pilares cuadrados de ciento doce pies de contorno cada uno.