De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz A la izquierda, como hemos dicho, está la tumba de Carlos V, arrodillado como su hijo; se encuentra también rodeado de personajes arrodillados, cuyas identidades pueden reconocerse y sus nombres leerse en la siguiente inscripción: «A Carlos V, rey de los romanos, emperador muy augusto, rey de Jerusalem, archiduque de Austria, su hijo Felipe. Descansan con él simultáneamente Isabel, su esposa, su hija María emperatriz, y Eleonora y María, sus hermanas: esta última reina de Francia, y la otra reina de Hungría». Todas estas estatuas son de bronce dorado, de un gran estilo y admirable efecto. Las de los dos soberanos sobre todo, con sus mantos blasonados, son de una severa magnificencia.
Volviendo la espalda al altar, uno se encuentra de frente al cabildo. Allí, no busque usted, Madame, la coqueta ornamentación del Renacimiento, ni la pintoresca escultura del siglo XV. No. Las sillas del coro, en lugar de abrirse en flores hermosas o en maravillosos marcos como las de Burgos, participan de la rigidez general; simples molduras, líneas frías, son sus simples ornamentos.