De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz —¿Cómo, tú?
—TenÃa mi cabeza sobre su pecho.
—Sin mencionar que don Riego tenÃa su pie sobre mi cuello —dijo Maquet.
—Y bien, ¿pero cómo se llegó a eso?
—¡Oh!, todo sucedió muy rápido. Hablábamos de cosas de guerra y de amor, como dice monsieur Annibal de Coconas. Desbarolles dormitaba, don Riego roncaba. Yo me inclinaba muy suavemente para apoyar el pulgar sobre la nariz de Desbarolles cuando el coche se inclinó. «¡Creo que vamos a volcar!», dice Boulanger. «Creo que estamos volcando», agrega Maquet. «¡Creo que hemos volcado!», dije.