De Paris a Cadiz

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«En efecto, el coche se había recostado lentamente sobre el flanco. De golpe, como si estuviera incómodo en esa posición, se da la vuelta; era la tierra que cedía debajo de nosotros. Aquí el asunto cambió de cara; estábamos cabeza abajo y pies en el aire, debatiéndonos en medio de los cuchillos de caza y los fusiles, Maquet debajo, yo sobre Maquet, don Riego sobre mí. El conjunto estaba entreverado con Boulanger y Desbarolles. “Calma, señores, dijo Boulanger; creo que estamos dentro de un precipicio que yo venía mirando cuando el coche comenzó su evolución; cuanto menos nos movamos, más posibilidades tenemos de salir de ésta”. El consejo era bueno, lo seguimos. Sólo Maquet dijo con la sangre fría que tú le conoces: “Hagan lo mejor que puedan; recuerden solamente que me ahogo, y que si esto durara tan sólo cinco minutos, estoy muerto…”. Comprendes el efecto de la recomendación. Desbarolles, completamente despierto y el único que estaba sobre sus piernas —en realidad, hay un Dios para los que duermen—, Desbarolles golpeó el cristal gritando al mayoral que abriera. El mayoral estaba ocupado desenganchando a sus mulas. Nos prestó tanta atención como si no hubiésemos existido. “¡Abra, gritó Desbarolles, o rompo su portezuela!”. ¡Oh!, por fin oyó y vino a abrir. Desbarolles salió primero, carabina en mano. Eso nos dió un poco de espacio, y don Riego pudo sacar su pie del cuello de Maquet. Maquet aprovechó la cosa para renovar el aire en sus pulmones. Una vez afuera, Desbarolles tiró de don Riego hacia sí. Después de un esfuerzo inaudito, don Riego se encontró junto a Desbarolles. Entonces estuvimos completamente a gusto, y Boulanger comenzó a su vez su ascensión. Ahora se trataba de darme la vuelta y de dar la vuelta a Maquet que estaba casi sin conocimiento. Con la ayuda de Boulanger y Desbarolles lo logré; en cuanto a don Riego, había ido a sentarse donde lo ves. Faltaba Maquet. Maquet era el más maltratado de todos nosotros, también era el más furioso. De ello resulta que la primera cosa que hizo Maquet cuando estuvo de pie, fue caer sobre el mayoral y molerlo a puñetazos».


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