De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz —Sà —respondió Desbarolles—, es una senda muy hermosa.
—No es eso lo que quiere decir Boulanger —repuse yo.
—¿Y qué quiere decir?
—¡Vaya!, quiere decirle que su senda no tiene fin.
—Veamos —dijo Achard—, Desbarolles: la verdad sobre España; de una vez por todas, amigo mÃo, ¿estamos todavÃa muy lejos de Aranjuez?
—Cuando escuchen el sonido de una caÃda de agua, habrán llegado.
Caminamos otro cuarto de hora.
—¡Silencio! —dijo Alexandre.
—¿Qué?
—Oigo la cascada prometida.
Escuchamos. En efecto, un delicioso murmullo de aguas rompientes surcaba el silencio de la noche y llegaba hasta nosotros.
—Vamos, vamos, señores —dijo Boulanger—, sólo hay que tener paciencia.