De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Le enviaré un croquis del natural de esa desafortunada berlina, y verá que es horroroso pensar que había cinco personas encerradas en esa caja cuando fue puesta en ese estado.
En cuanto confirmó el mayoral que estábamos en el parador, subió para exigirnos lo que según su parecer le seguíamos debiendo. De acuerdo con sus cuentas, le debíamos hasta Aranjuez. Esto fue objeto de discusión, dado que según nuestras cuentas sólo le debíamos hasta Villa-Mejor, es decir, hasta el lugar en el que nos había derramado. Nos amenazó con el alcalde; yo lo amenacé con sacarlo a la calle. Se fue.
Un cuarto de hora después, cuando franqueábamos el umbral del hotel para ir a visitar las atracciones de la ciudad, un alguacil vino a anunciarme que el señor alcalde deseaba conocerme. Respondí que por mi parte no estaba menos deseoso de ver a un alcalde en carne y hueso, dado que en Francia se suele creer que un alcalde es un convencionalismo así como el doblón es una moneda ficticia.