De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz «Señores, la familia Contreras se ha declarado culpable de un delito previsto por todas las leyes españolas a la vez; quizá si vosotros intercediérais con insistencia ante el jefe político, los delincuentes no serán enviados a prisión, pero no pueden dejar de pagar una cuantiosa multa, una indemnización colosal». Luego agregó con su fúnebre urbanidad y su sonrisa mortuoria: «¡Lindo proceso, señores, lindo proceso!, dentro de quince días la familia Contreras estará completamente en la ruina». Y se puso a escribir otra vez con el movimiento regular y ruidoso de una máquina.
Esta certeza, que él nos proporcionaba con la impasibilidad de la convicción, nos hacía estremecer desde la punta de los pies hasta la raíz de los cabellos, nos mirábamos unos a otros con un secreto deseo de estrangular al señor escribano, y de hacer de su cuerpo el más combustible de todos los cuerpos que hubiésemos visto jamás, una hoguera con sus papeluchos; en efecto, era el medio más rápido para acabar con todo este asunto.