De Paris a Cadiz

De Paris a Cadiz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Desde lo alto de mi mula, que gracias a su talla elevada me permitía dominar toda la sociedad, eché una mirada a la tropa. Cada uno estaba en su puesto, firmes y resueltos. Noté incluso en el rostro de Boulanger, hacia el cual, lo confieso, me había vuelto con alguna inquietud, noté incluso un cierto aire de calma y hasta de hilaridad que me provocó alegría y asombro. Bajé mi mirada desde su rostro hacia el resto del cuerpo, y vi que la satisfacción que trasuntaba provenía de que ya no tenía piernas.

Efectivamente, nuestros arrieros habían encontrado un medio muy ingenioso para reemplazar los estribos de Boulanger; una gran manta, cerrada naturalmente por uno de sus extremos y atada en el otro con una cuerda de fibra de aloe, había sido fijada a la cruz de su mula, y presentaba así en cada una de sus extremidades una especie de saco dentro del cual Boulanger había enfundado sus piernas, y que no sólo aseguraba su equilibrio, sino que las mantenía dentro de un agradable calor. Ya no viajaba en sillón ni en barco; Boulanger viajaba en calientapiés.

—¿Acaso no decía yo —exclamó Desbarolles— que el viaje en mula era el modo más feliz de locomoción?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker