De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz En efecto, a Maquet le bastó gritar a su mula: «¡Arre, Pandeigo!», es decir: ¡Vamos, Pandeigo!; a Boulanger: «¡Arre, Gallardo!»; a Desbarolles: «¡Arre, Pajaritos!»; a Giraud: «¡Arre, Redondo!»; a Alexandre: «¡Arre, Acca!»; y, de inmediato, las bestias domadas bajaron el cuello, agitaron cadenciosamente sus débiles piernas, y se pusieron en marcha a una velocidad de una legua española por hora.
En mi próxima carta, Madame, los detalles de este viaje, en comparación con el cual verá usted pronto que los viajes del capitán Cook, de Mungo Park y de Tamisier son muy poca cosa.
Acepte usted, etc.