De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Pero la sacudida ha sido fuerte, y el exilado se figura que jamás podrá retomar su vida anterior, tras esta momentánea inoculación de la vida de los otros. Entonces ilumina la separación con un sueño de futuro. Le asegura que irá a su encuentro en el paÃs al que usted se dirige, que forzará las circunstancias a su capricho; promete escribirle, suplica que le responda y, con el corazón aliviado, le acompaña hasta el coche, donde le abraza llorando, y ocupándose de esos detalles insignificantes que pueden, asà lo espera, retrasar un poco más la partida.