De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Hubo algunos «Yo también» que estallaron a lo largo de la mesa, y en cada lugar donde se hallaba una boca española.
—Esto ya no es el letrero de una chacinerÃa —dijo Boulanger—; parece que vamos a ver a Matalabos hijo; se lo diré a Hugo, le gustará.
—¿Son ladrones, entonces? —continuó Desbarolles—; en ese caso pondré dos balas en mi carabina.
—SÃ, en esa que no retrocede lo suficiente —dijo Giraud.
—Escuchen —dijo Paroldo—; son nuestros huéspedes, respondemos por ustedes; he encontrado un medio.
—¿Cuál?
—Tomarlos como batidores.
—¿A quiénes? ¿A los ladrones?
—Yo no digo que haya ladrones —dijo Paroldo, que no querÃa comprometerse.
—Pero usted dice que los tomemos como batidores, ¿quiénes son los?
—Los… son ellos —soltó Paroldo riendo.