De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Cuando se toma la decisión extrema de vivir en la sierra, y sobre todo en la Sierra Morena, uno debe tener alguno de esos pleitos de profunda misantropía que lo hacen, como a Karl Moor y a Jean Sbogar, romper con la sociedad. Por lo demás, la Sierra Morena no tiene redacciones de diarios ni gabinetes de lectura. De ello resulta que aquellos que la habitan de manera continua, aquellos que tienen razones para venir a la dudad con la menor frecuencia posible, bien pueden no haber leído nunca ni los Mosqueteros ni Monte-Cristo sin que por ello se los acuse de ignorancia. Mi amor propio no tenía, pues, por qué sufrir demasiado, al menos eso me aseguraban, si mi renombre, tal como el mar a quien Dios ha ordenado detenerse en su orilla, si mi renombre, digo, se detenía al pie de la Sierra Morena. La noche transcurrió sin más ruido que el del reloj musical. Dedicamos el día a hacer visitas. Perez, en su calidad de maestro de lengua francesa, y Paroldo, en su calidad de león de Córdoba, nos presentaron en las mejores casas de la ciudad. En todas partes la acogida fue franca y cordial, y en ningún sitio pudimos percibir ese odio internacional, que no existe entre nosotros ni existe en España, al menos visiblemente, salvo en las clases inferiores de la sociedad.