De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz —¿Por qué no? Estamos viajando para conocer las costumbres de los paÃses que visitamos; y las costumbres que podemos estudiar por la noche no son las menos interesantes, aunque los viajeros nunca hablen de ellas.
Por lo demás debo decirle, Madame —y tanto menos vacilo en decÃrselo cuanto hemos pasado todas las pruebas, ya fuesen españolas o africanas, puros como unos Josés y unos don César de Bazan—, que estas costumbres no nos eran en absoluto desconocidas. En Granada, una noche en que nos perdimos por sus calles tortuosas mientras recorrÃamos la ciudad bajo el claro de luna, creÃmos distinguir una casa donde velaba una luz, y subimos para preguntar por dónde debÃamos seguir. Desbarolles se habÃa quedado atrás enderezando su Gibus, de suerte que la persona que nos recibió, engañada sin duda por nuestro español bastante ininteligible, nos hizo entrar en una especie de habitación que ella llamaba salón, y que en Francia, Madame, paÃs de suprema aristocracia y de lujo insensato, se llamarÃa cuchitril.