De Paris a Cadiz

De Paris a Cadiz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hernández y Paroldo se colocaron junto al fuego, y media hora después, en la somnolencia en que había caído, ya no podía oír yo nada más que el murmullo de su conversación nocturna, único sonido que se mezclaba a las respiraciones, por lo general ruidosas, de los cansados cazadores. Me adormecí, a mi vez. No sé cuánto tiempo dormí; todo lo que puedo decir es que en el declive de mi cabaña y justo encima de mi cabeza, hubo un ruido continuo que me despertó, se habría dicho que alguien practicaba un agujero en mi tejado de paja. Salí de mi choza, y vi a un caballo que, despertado por el hambre, se comía apaciblemente mi casa. Lo ahuyenté, y eché entonces una mirada a mi alrededor. Hernández y Paroldo habían acabado por dormirse al igual que todos los otros; el fuego no era más que un montón de cenizas y la luna, que por fin se había elevado en el cielo sin nubes, partía con un rayo de plata las cimas lejanas de la sierra, y ese mismo rayo, tornándose más vago y misterioso, iluminaba lo profundo de la montaña.







👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker